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De Yèvre-le-Châtel a Saint-Florent-le-Vieil

El valle del Loira está sembrado de pequeños y pintorescos pueblecitos que destacan por encontrarse entre los más bonitos de Francia («Plus beaux villages de France») o por su pequeño gran carácter («Petites Cités de caractère»). Todos ellos te conquistarán por sus blancas casas de toba calcárea (tuffeau), sus calles adornadas con flores y, por supuesto, sus castillos del Loira.
 

St-Florent-le-Vieil, Le Thoureil y Montsoreau: vistas al Loira

 
El pueblo de St-Florent-le-Vieil te gustará nada más verlo descansando apaciblemente junto al Loira. Sube hasta su iglesia abacial del s. XVII, en lo alto del monte Glonne y contempla el Loira en toda su inmensidad.

Pintoresco: este es el adjetivo que mejor describe Le Thoureil. La historia de este pueblo es extensa y antigua: desde la Prehistoria, como demuestra la presencia de menhires y dólmenes, hasta la aparición del veraneo en los pueblos... ¿Resultado? Una arquitectura diversa y única.

Ahí donde confluyen el Loira y el Viena, Montsoreau es uno de los pueblos más bonitos de Francia («Plus beau village de France») y un pueblo de autenticidad y carácter («Petite Cité de Caractère»). ¡Y no es para menos! El pueblo brinda unas magníficas vistas: castillos sobre el agua, antiguas casas de marineros, calles floridas y casas de toba calcárea (tuffeau)....

También merece la pena acercarse hasta los pueblos de tuffeau de Savennières, Denée, Blaison-Gohier, Béhuard, Turquant y Chênehutte-Trèves-Cunault, por los que también pasa el Loira.
 

Yèvre-le-Châtel, Candes-Saint-Martin y Crissay-sur-Manse


«Magnifique». Eso es lo que dijo Victor Hugo de Yèvre-le-Châtel, seguramente gratamente sorprendido por su fortaleza medieval y sus cuatro imponentes torres, sus casas de piedra adornadas con flores y las ruinas misteriosas de su iglesia inacabada.

El Loira y el Viena se encuentran en Candes-Saint-Martin, antiguo puerto de pesca y comercio fluvial. Las casas de este pueblecito destacan por sus tejados de pizarra, cuyo color combina a la perfección con el blanco de sus fachadas calcáreas. No os perdáis la colegiata de Saint-Martin.

En Crissay-sur-Manse el tiempo desaparece. Deambula entre sus apacibles calles para descubrir casas de tuffeau y jardines secretos al azar. Admira las espléndidas ruinas de su castillo del s. XV y su iglesia del s. XVI.

También merecen la pena: Lavardin, un pueblo situado a orillas del Loir y acurrucado junto a su castillo en ruinas; y Montrésor, pequeño municipio de Touraine a orillas del Indrois.
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